Bueno. Por fin. Un poco tarde, pero espero no defraudarte. Acabo de llegar de mi periplo arago-gallego-leonés y me he puesto rápidamente a meter aquí todo los recuerdos de ese par días magníficos que me pasé con los playeros y con el Tío Neil. Y, sobre todo, las fotitos, que yo sé que las estás esperando.
La primera de la tarde, en la frente. Mi maleta decidió darse una vuelta hasta Madrid antes de recalar en El Prat. Cosas de los aviones. Pero en fin, tampoco uno necesita cuidar tanto la imagen como para no cambiarse una tarde.
Lo mejor es que Pepe ya me estaba esperando impaciente por hacer una batida por Barcelona. Ya antes de salir del aeropuerto, David me dio por teléfono unas indicaciones de dónde podía alojarse Neil Young y su equipo; y Pepe ya tenía su propia fuente de información, así que recoger a Jose en el centro y largarnos de batida por esos sitios, fue cosa de un plis-plas.

En el primer hotel (el Arts) y con la pinta que teníamos, ni siquiera lo intentamos. Demasiado para nosotros. Así que nos dimos un paseo por los alrededores y sacamos algunas fotos interesantes, como la de este par de playeros en la playa, como tiene que ser.
En el segundo hotel ya era otra cosa. Mucho músico, mucha gente del Primavera, pero ninguna conocida por nosotros. Así que nos tomamos algo, pasamos allí un buen rato y, un poco desanimados, nos largamos con viento fresco a resolver el alojamiento y dejar a Pepe que pase un rato por casa, que la familia también tiene derecho a verle.
Por la noche decidimos dar un paseo por los alrededores. Quedamos con un rusty de Seatle, Harry O, un personaje con un montón de conciertos a sus espaldas (59, creo, o ¿eran 95?) y cosas curiosas que contar. Cervecitas, tapitas y un rato de charla en una de las terrazas preferidas de Jose.
A la mañana siguiente, reunión playera en una terraza de la Diagonal. Pero antes, Jose y yo habíamos quedado para pasar por las tiendas de discos de la calle Tallers y otras. Así que a la 1 más o menos, nos subimos en el Metro y… nos equivocamos de línea (cosas de catetos). No pasa nada, vuelta atrás y a buscar el tranvía rápidamente que la hora se pasa. Con las prisas, cogemos el tranvía equivocado (y eso que solo hay dos) y… vuelta a empezar. Total que todo el mundo en el sitio y nosotros dando vueltas como dos paletos por medio Barcelona. ¿Será cosa del jet lag?.
En fin, tarde pero llegamos al sitio y allí estaban, por fin. Playeros y playeras de carne y hueso:
De izquierda a derecha: Christian, Ramonet, Francisco, Iolanda, Ignasi, Joseph, Joan, Carlos, Jorge, Mª Ángeles, Pepe, César, un servidor, Harry, Jose, Isabel y Debby (nuestra nueva playera neoyorquina).
¡Ah! No pienses que Isabel vino en monopatín, son cosas de Darío, el fotógrafo. Aquí lo tienes.
Claro que no estaban todos, así que será mejor que te ponga aquí otras fotos. Te pido disculpas si faltas, pero con el jaleo, alguno foto se me escapó (si tú o alguien la tiene, que no deje de enviármela, por favor).
Pepe
Ramón
Ángeles
Ignasi
Carlos
Isabel y Darío
Jorge
Joan
Debby
Francisco
Josep
Christian
Harry
Jose
Norberto
Xabre
Brexa
Vicky
Héctor
Miguel
Edu
Xavi
Y todavía faltan algunas imágenes de gente que se incorporaron más tarde.
Pepe había acertado en el sitio. Allí había un buffet libre con asador de carne y plancha de pescado. Lo único malo es que un sábado, estaba hasta la puerta, así que Ángeles, nuestra negociadora de casos sin remedio, consiguió que nos buscaran varias mesas y al cabo de un rato estábamos todos comiendo a dos carrillos. De fábula. Solo nos faltó rematar la faena con una buena tarta y cantar un “cumpleaños-feliz”, pero bueno, no se puede tener todo en esta vida. La próxima vez será.
El tiempo se me pasó volando. Casi sin darme cuenta, entre charlas, bromas y demás, estábamos ya camino del Forum. Allí estrechamos relaciones aun más. Se nos unieron Carmen y algunos más. Como tenía que ser, el Comando Galicia y el Comando Valencia, se llevan de maravillas. Aquí los tienes.
Incluso se prestaron mutuo apoyo para dejar huella en la banderola.
Ya solo me quedaba pasar por ventanilla y recoger mi entrada, y para sorpresa mía, se quedan con ella y me dan una especie de tarjeta de plástico con texto escrito con tinta infrarroja. Una pasada. La gente, que ha tenido que pasar por una taquilla al efecto, esta que trina. ¿Es que la organización no sabe que para nosotros, la entrada es importante? Espero que esto no sea una costumbre y se dejen de rollos en eventos futuros. Mi entrada la quiero.
En fin, cacheo de costumbre (yo nunca llevo bocatas ni armas ;-) y para adentro.
El recinto es grande, pero el sector duro de la Playa lo tenemos claro: solo Neil Young.
Carmen nos avisa que el escenario de Neil se abrirá a las 6, así que nos situamos en la barrera dispuestos a colocarnos delante. Otro rato de charla y bromas.
La zona se va llenando y por todos lados se ven seguidores de Neil con camisetas alusivas de todas las épocas y estilos.
Cuando quitan la cinta, aquello parece la salida al recreo. Todo el mundo corre y algunos, sin mirar, hacen que Ángeles tenga un percance, y aunque afortunadamente nada grave, el susto no hay quién se lo quite.
Al final todos estamos más o menos al principio y un poco a la izquierda del escenario, muy cerca.
Todavía es temprano y tenemos una horita de actuación de The Jayhawks. Buenos no es Young, pero tampoco están nada mal. Buen comienzo.
De todas formas, durante todo este tiempo, el “pajarito” ha estado arriba, observándolo todo, como un buen presagio de lo que se nos avecina.

Y casi sin dejar salir a los Jayhawks, los operarios de Neil invaden las tablas. Algunas son caras ya conocidas de anteriores conciertos y eso hace que nos volvamos aun más impacientes, sabiendo lo que se nos avecina.
Woody se une a nuestro grupo, en el rincón de la izquierda, y a su lado se sitúa el viejo piano.

Y cuando Larry Crag da los últimos retoques a la Oldblacky, algunos nervios se desatan y se le jalea casi como al propio Neil.

Algunas personas están tan excitadas que no tienen muy claro cómo utilizar algunos cachivaches y no les importa observar el escenario desde la lejanía. Total, lo que queremos, no necesitamos verlo para sentirlo.

Y así transcurre el tiempo hasta que un rumor se levanta entre el público que, poco a poco, se convierte en griterío. Nuestros amigos están ya sobre el escenario. Neil con una camisa de cuadros (¡que raro!) llega al centro del escenario. A su derecha Ben Keith con unas gafas rojas muy psicodélicas, tras él se sitúa Rick Rosas y sobre la batería observo la gorra de Chad Cromwell. Frente a nosotros, detrás del piano, están Pegi y Anthony Crawford. La banda está preparada. El Europe’09 Tour va a dar comienzo.
Todos estamos expectante por oír los acordes de la primera canción del tour, incluso algunos tenemos hechas nuestras apuestas. Y por fin… tras rasgar la guitarra un par de veces suena… (todos perdimos, je, je)
¿La reconoces? Efectivamente, se trata de Mansion In The Hill… Los nervios se desatan y la electricidad de su ritmo se contagia. La gente baila, grita, aplaude, canta, silba…El concierto que tanto hemos esperado, acaba de empezar.
No estoy muy seguro, pero creo que es la primera vez que Neil da comienzo a un concierto con este tema, aunque lo ha utilizado en varios tours con Crazy Horse e incluso en un concierto acústico. Cierto o no, nosotros ya estamos en situación.
Casi sin descanso, nos llama la atención los sonidos de Cromweld y tras ellos los rasgueos de guitarra de Neil. La locura: Hey, Hey, My, My entra en el recinto como un vendaval. Ahora sí, todo el mundo canta la letra. Hasta yo me olvido de uno que hay a mi lado grabando el concierto y grito como el que más.
La batería suena potente, más que en las anteriores ocasiones, creo. Y la guitarra de Young… para qué contarte. Se desata la locura.
A continuación, Neil Young se viene a nuestro rincón y se sienta delante del piano. Suenan los acordes de Are You Ready For The Country? Debby no se puede reprimir y grita su Yeahhh! A mí, personalmente, no es que me vuelva loco, pero no dejo de reconocer que las manos de Ben Keith hacen de ella una obra maestra. De hecho, cuando finaliza, Neil Young sonríe abiertamente y golpea cariñosamente a Keith en la espalda a modo de felicitación. A nosotros no nos pasa desapercibido el gesto, ya que no es algo habitual en el serio y casi siempre seco Young.



Pero Neil no se duerme. A continuación nos regala un tema traído desde el recuerdo: Everybody Know This Is Nowhere. A juicio de Pepe, idéntico a la versión del disco. Tras los aplausos, suena a mis espaldas el grito de ¡Auténtico, auténtico! Y no puedo estar más de acuerdo con su autor. Juzga tú.

Pero la locura sigue. Al ritmo de los tambores de guerra de Chad Cromweld, da comienzo lo que para mí ha sido la verdadera sorpresa de este tour 2009: la versión eléctrica de Pocahontas.
La verdad es que no estoy seguro a qué se debe. Puede que sea a que la batería ha conseguido imprimirle un genuino ritmo Neil.
A estas alturas del concierto, el publico está ya entregado, pero el ritmo no para y suenan los acordes de Spirit Road, un tema del Chrome Dreams II (gracias colegas). Su ritmo se pega a nuestros oídos durante más de 5 minutos y Neil la finaliza con uno de sus rifts.
Luego su voz (Gracias colegas. Estoy contento de regresar a este bonito lugar…) suena por los altavoces.
Pero los que nos alegramos de verdad fuimos nosotros cuando escuchamos crujir la Old Black con las notas de Cortez The Killer, en mi opinión, una de las dos joyas de este concierto.
Si al principio todos coreamos a la vez la letra de la canción, al final todo el mundo se ha dejado llevar por su hipnotizante ritmo. Esa guitarra que corta como un bisturí, te va penetrando poco a poco en la carne hasta descubrirte alguna fibra especial, algún sentimiento medio desconocido para ti mismo incluso, hasta transportarte hasta algún lugar mágico. Para mí fue el punto máximo del concierto. Dame tu opinión.
Magistral.
Pero Neil no te da tregua. Detrás de esta obra maestra nos obsequió con otro de sus emblemáticos títulos: Cinnamon Girl.
En él, Young volvió a sorprendernos al final de la canción haciendo gestos con los brazos abiertos al compás de la música mientras la gente coreaba. Una pasada para los que lo conocen bien.
A partir de aquí, Neil Young afloja el pie un poco. Cambia la guitarra por el órgano de aire del final del escenario e interpreta su conocido Mother Heart acompañándose de la armónica.
Cuando coge su Martin, casi todos estamos seguros de lo que viene ahora y las notas de The Needle And The Damage Done empiezan a volar por la tarde de Barcelona. Algunos no se pueden reprimir y cantan al mismo ritmo que el autor.
Sublime.
La cosa cambia cuando vemos que Pegi se acerca hacia nuestra banda y se sienta al piano. Anthony Crawford se sitúa junto a Neil en el centro del escenario, mientras que Ben Keith se sienta en su slade-guitar del otro extremo. Regresamos al Folk con Unknown Legend. La verdad es que suena increíble.


Y casi sin respirar, Neil & His Electric Band dan rienda suelta al archiconocido Heart Of Gold. Su ritmo dulzón y su amable melodía te hace sentir casi inmerso en el paisaje de las praderas americanas.
Pero tranquilo porque esta fase del concierto aun no ha acabado. En segundos, la Martin vuelve a cantar y esta vez con otro de los temas emblemáticos de Neil Young: Old Man. Aquí Larry Crag ocupa un lugar a la izquierda del Tío y arranca las notas necesarias de un banjo, de una forma pausada y tranquila, que hace las delicias de muchos de los presentes. Ahora, muchos de los aplausos son dirigidos hacia su persona. Y casi sin que nos diéramos cuenta nos vemos a Neil remedando al público en un Oe-oe más propio de un campo de fútbol. Las cosas de la emoción.
Lo que vino a continuación, fue otra de las bombas de Neil Young en Barcelona. Cuando la Old Black anunció ese ritmo que, más que transportarte, parece que te mece al compás de la corriente, todos nos preparamos para una nueva dosis de Down By The River, solo que esta vez era una realidad, el sonido se hacía delante nuestra y el mago podías verlo con tus propios ojos.





En los punteos… parecía que la guitarra podía llegar a hablar. Algo mágico.
Detrás, seguramente para hacernos regresar de nuevo a la realidad, le tocó el turno a Get Behind The Wheel, un tema de Fork In The Road, su nuevo disco, que traía en el equipaje.
Y ya sentí el final cuando sonaron los acordes de Keep On Rocking In The Free World. Yo no sé quién cantaba más alto, Neil o nosotros.
Aquello fue subiendo de tono poco a poco, hasta un punto en que Rick Rossas y Chad Cromwell marcaban el compás. Un compás de locura que desembocó en un relampagazo de la Oldblacky que formó una tormenta eléctrica al final de la canción. Algo que solo Neil “Huracán” Young es capaz de organizar. Formidable.
La despedida estaba ya encima. Los músicos se reunieron en el centro de las tablas para saludar y fue entonces cuando Chad Cromwell trajo a Neil una bufanda del F.C. Barcelona. Neil la agitó ante el público y se la colocó sobre el cuello mientras saludaban y se despedían. Los aficionados al fútbol flipaban con el gesto (y nosotros también).
Después, se retiraron de la vista mientras que nosotros gritábamos como locos. Tuvimos que hacerlo durante varios minutos antes de que volvieran al ruedo y nos alegraran el oído con un nuevo y definitivo tema: A Day In The Life. Casi diez minutos duró esta versión de The Beatles que acabó con la guitarra emblema tirada por el suelo con las cuerdas rotas, no sin antes alucinar con un Neil Young arrodillado junto a la batería metiendo caña de una forma brutal.
Luego, ya no hubo remedio. Nos dimos cuenta que el concierto había acabado y que ya debíamos irnos sin remedio. Había que volver a la realidad.
A nosotros solo nos quedaba despedirnos (aunque aun había tiempo para una última copa). Éramos muchos, cada uno de un lugar y algunos teníamos carretera por delante. Sobre todo los que mañana teníamos una nueva cita con Neil Young en San Sebastián. Pero eso será otra historia.
Nota: Estos mp3 están aquí para ofrecerte un complemento mientras lees. No merece la pena bajarlos a menos que solo vayas a escucharlo en un pinganillo de esos que van colgados de las orejas. El concierto, en mucha mejor calidad, ya circula por la red, así que debe ser fácil que algún playero lo tenga y te lo pase. Pregunta. Cuando lo tengas en tus manos, siempre tendrás tiempo de hacer una copia mp3 si la necesitas, conservando intacto el audio.